Las fosas de Tetelcingo

El colega Héctor Raúl González, periodista que desarrolla un espléndido trabajo en el estado de Morelos, presentó esta semana los testimonios de dos mujeres a quienes hace algunos años se les negó la posibilidad de recoger los cadáveres de sus respectivos familiares en la Fiscalía del Estado de Morelos. En un caso, se le dijo que no se le podía permitir ver cadáveres para buscar a la persona perdida porque eso, simplemente, “no se hacía…”, y en el otro -en el que sí pudo identificar el cuerpo- no se le permitió llevarse el cadáver porque “no tenía papeles”. Uno de ellos había muerto atropellado y el otro ejecutado en 2011. Ambos, ahora se sabe, estaban plenamente identificados pero, aun así, no fueron entregados a la familia. Fueron enviados a las fosas de Tetelcingo.
El caso de esas fosas detonó con la historia de Oliver Wenceslao Navarrete, un comerciante de Cuautla que fue secuestrado por siete hombres armados en 2013 y cuyo cadáver fue encontrado en una barranca de la zona. Una vez sacado el cuerpo de ahí fue llevado al Servicio Médico Forense. La madre lo reconoció, ahí, de inmediato. El cuerpo fue reclamado pero, con el mismo patrón que en los otros casos, las autoridades decidieron no entregar el cadáver. Igualmente fue enviado a una de esas fosas. La familia insistió, pero la respuesta fue: que ya estaba ahí y que lo dejaran “descansar en paz”.
La aberrante situación llevó a la familia de Oliver a dar una notable batalla ante la justicia de la que salieron victoriosos. Obligaron a que las fosas se abrieran y se recuperara el cadáver. El cuerpo de Oliver estaba hasta el fondo de una de ellas. Encima de él, decenas de cuerpos tuvieron que ser retirados. El horror se instaló entre quienes seguían la historia. Agravio sobre agravio, las autoridades no fueron capaces de coincidir ni siquiera en las cifras de los cuerpos que sacaban. El fiscal hablaba de 116; el jefe de la policía de 150.
Recuperados los restos de Oliver, la familia pudo procesar el duelo de mejor forma y dejar que sus restos reposaran en condiciones dignas. Lo que lograron abrió la puerta para que otras personas puedan encontrar a personas desaparecidas y asesinadas.
Gracias a los familiares de Oliver, que continúan con una batalla por la justicia después de haber logrado el objetivo inicial de recuperar el cuerpo, al poeta Javier Sicilia y a muchos otros que se han empeñado en que se desarrolle un trabajo de identificación de más de cien personas y de recomponer, en la medida de lo posible, lo que quedó evidenciado como un vil amontonamiento de cuerpos, es que ha sido posible conocer testimonios como los de esta semana. Estamos ante una altamente probable colusión de autoridades con el crimen organizado o bien ante una descomunal ineficiencia de quienes manejan asuntos tan delicados. Cuando fue recuperado el cadáver de Oliver Wenceslao el fiscal declaró: “Los demás cuerpos que se encuentran en la fosa son personas que estaban en el Servicio Médico Forense, en el 2010, 2011 y 2012, que por cuestiones de salud y que no los reclamaron sus familiares fueron depositados en la fosa”. Por lo menos en los dos casos conocidos esta semana queda claro que no es la explicación correcta.
¿Qué explica que las autoridades responsables de Morelos no hayan procedido de forma apropiada para que los deudos pudieran recuperar, por lo menos, a sus muertos? ¿Para no estar obligados, después, a investigar? ¿Para no abrir la puerta que descubra la colusión de autoridades con el crimen organizado? ¿O solo para tapar la grave ineficiencia cuando de esclarecer crímenes y homicidios se trata?
En octubre del año pasado la CNDH -a través de 6 recomendaciones- pidió que se investigara a 42 funcionarios del gobierno de Graco Ramírez por las irregularidades en las fosas de Tetelcingo. No parece haber muchas noticias al respecto. Los testimonios de esta semana no solo estremecen, sino que nos muestran cuán lejos estamos de una elemental justicia en estos y en otros miles de casos. No hay futuro que valga si no ponemos como asunto central los grados de impunidad y corrupción que agobian a México. Tetelcingo es uno de los casos emblema.

Despierta, Peña

CIUDAD DE MÉXICO.- El gobierno mexicano luce torpe, lento e inseguro frente a las posturas y acciones del nuevo presidente de Estados Unidos que tanto ofenden y agravian a los mexicanos. Quiere llevar la fiesta en paz con el bravucón que no para de hacerle bullying.

El gobierno de Peña se ve mal dentro y fuera de nuestras fronteras. No acaba de darse cuenta que éstos no son tiempos para las contemplaciones. Que si no toma a ese toro por los cuernos no solo quedará muy mal parado en la historia, sino que dejará a México en situación de mayor vulnerabilidad y sobajado.

El gobierno de Peña Nieto, sin más, se ha manifestado dispuesto a sentarse a renegociar el TLC, y lo que haya lugar de la relación bilateral, a pesar de que su interlocutor ha puesto como punto de arranque la construcción de un Muro. No asume esto como una grave afrenta violatoria de preceptos internacionales. Considera el tema, simplemente, como algo en lo que no se está de acuerdo pero que puede ser parte de una negociación integral entre los dos países. Se comprometió, incluso, él solo, a no hablar del Muro en público, cuando debería denunciarlo en todos los foros internacionales.

En lugar de recibir a Tillerson y Kelly la semana que entra, como si no pasara nada, el gobierno de Peña debería plantear que no hay condiciones para negociar ningún tema en tanto no sea retirada la orden ejecutiva que llevará a construir ese muro indignante y absurdo y se deje de perseguir y criminalizar a connacionales. ¿De qué y cómo se puede negociar algo si los agravios persisten? No se trata de romper relaciones, ni cosa por el estilo, con un país del que dependemos tanto -y ellos de nosotros-, sino de plantear con inteligencia, imaginación y dignidad las nuevas reglas del juego que no pueden ser otras que las que nos da el derecho internacional.

El ex presidente Zedillo escribió en el Washington Post: “… lo prudente sería asumir que el presidente Trump matará al TLCAN” y que intentar negociarlo sería una “pérdida de tiempo… tal vez desee ir más allá de la cancelación del TLCAN y tratará de imponer barreras adicionales al comercio con México. Mi país debe estar dispuesto a utilizar todos los instrumentos jurídicos posibles, en particular los proporcionados por la Organización Mundial de Comercio, para impugnar cualquier acción arbitraria e ilegal. El presidente Trump podría incluso considerar la retirada de Estados Unidos de ese árbitro central de las disputas comerciales internacionales, momento en el cual la cuestión mexicana se convertiría en un problema mundial que tendría que ser enfrentado por toda la comunidad internacional”.

Sobre el Muro, Porfirio Muñoz Ledo, hombre de mil batallas, ha colocado el tema con claridad meridiana: “El tema del muro no es un asunto binacional… ni un problema del TLCAN… Este es un problema mundial y México es el país más agraviado”.

Para quien fuera presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, el Muro con México se ha convertido en el gran símbolo mundial. Tanto como lo fue, en su momento, el apartheid. México, afirma, debe acudir de inmediato a los organismos internacionales para denunciar violaciones a derechos laborales, humanos, ambientales y otros, e intentos de desestabilización financiera.

Urge que el gobierno replantee su estrategia frente a este gigante desatado. La llegada de Gerónimo Gutiérrez como nuevo embajador en Estados Unidos podría significar el primer paso para replantear los ejes por los cuales México debería librar esta batalla.

Bien haría el gobierno en escuchar a los diplomáticos y juristas mexicanos de larga historia -que los tenemos y muy buenos- para redefinir la postura de nuestro país en esta encrucijada histórica.

Si México da los pasos firmes y correctos que la situación exige, desatará -en automático- una ola de solidaridad global. El mundo está contenido, esperando a que el gobierno de Peña Nieto salga de su caparazón, haga a un lado la tacita de té con la que quiere apaciguar al gigante y se decida a presentar recursos formales ya, ante la ONU, la OEA, La Haya, la OMC y cuanto tribunal internacional se requiera. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que meta a México en una dinámica absurda, inútil e indignante.

La llamada

 

CIUDAD DE MEXICO.- El contenido de la conversación telefónica, sostenida el viernes pasado, entre Enrique Peña Nieto y Donald Trump se ha trasladado del terreno de los boletines oficiales a la arena pública por donde cruzan informaciones periodísticas -que aluden a lo que no fue informado por los gobiernos-, desmentidos oficiales -que surgieron de inmediato a las publicaciones -y un conjunto de versiones encontradas e interpretaciones que han dejado a su paso no sólo una polémica encendida sino la exigencia de una mayor transparencia que incluya, por supuesto, la revelación íntegra de la dichosa llamada.

La prestigiada periodista Dolia Estévez dio a conocer información obtenida con fuentes de ambos países que le señalaron que la conversación Trump-Peña se dio en términos hostiles y que habría incluido expresiones ofensivas para el Ejército y el mandatario mexicano. La versión señala que “fue una conversación muy ofensiva donde Trump humilló a Peña Nieto”. Lo que se presentó como una conversación cordial “no fue así … aquí no quieren negociar, quieren confrontar a México”, dijo la periodista.

Trump le habría dicho a Peña que “no necesita de los mexicanos” y le reclamó sobre el papel del Ejército en el combate al crimen organizado. “Incluso le sugirió que si son incapaces de combatir al narco quizá tenga que enviar tropas para que asuman esta tarea”. Poco después de lo dicho por Dolia, Vivian Salama, de AP, publicó en la misma sintonía que Trump habría dicho a Peña Nieto: “Tienen muchos bad hombres ahí. No están haciendo lo necesario para detenerlos. Creo que su ejército está asustado. El nuestro no, así que podría enviarlo para que se haga cargo”.

La periodista de AP señaló que el extracto al que tuvo acceso no revela ni el tono ni el contexto de la declaración, ni tampoco registra lo que Peña habría contestado.

Por su parte, la cadena CNN reportó haber obtenido información respecto a que lo publicado por AP correspondía a una versión interna que habría sido imprecisa en relación a la transcripción original de la llamada, lo cual querría decir que dentro de la Casa Blanca habría dos documentos: la transcripción de la llamada y un documento interno informando sobre la misma y que ambos tendrían, entre sí, divergencias. De ser el caso, el Sr. Trump tendría que revisar urgentemente sus mecanismos de comunicación interna.

La Cancillería y el vocero del gobierno federal salieron de inmediato a desmentir y señalar que no hubo tono amenazante ni humillante en contra de Peña Nieto y que lo publicado por Dolia y AP no correspondía con la verdad. “Es absolutamente falso que el presidente de los Estados Unidos haya amenazado con mandar tropas a México”.

No sería la primera vez que Donald Trump aludiera a las tropas en relación a México. En campaña, al hablar de quién pagaría el muro, dijo que de negarse a México no le gustaría jugar a las guerritas con un Ejército rejuvenecido como el que tendría de llegar a la Presidencia.

Ayer medios como AP y NYT dijeron haber recibido información de fuente no identificada de la Casa Blanca que pretendió matizar el efecto generado por la divulgación del contenido de la llamada, señalando que Trump lo dijo en tono coloquial o de broma, con un Peña Nieto que “no pareció ofenderse”, según publicó el NYT.

Estas versiones contrastan con lo revelado de otras llamadas de Trump con mandatarios. Al primer ministro de Australia le cortó abruptamente la comunicación y después manifestó su desacuerdo a través de un tuit.

Ayer mismo dijo: “Cuando escuchen algo sobre las duras llamadas telefónicas que estoy haciendo, no se preocupen. Son duras. Tenemos que ser duros. Es hora de que seamos un poquito duros, amigos. Se están aprovechando de nosotros virtualmente todas las naciones del mundo. Eso no va a ocurrir más. Eso ya no va a ocurrir”, señaló. ¿Acaso con Peña Nieto Trump fue amable y bromista y con el resto de los mandatarios ha utilizado mano dura para evitar que los países se sigan aprovechando de la pobrecita potencia? ¿Qué fue lo que realmente le dijo Donald Trump a Peña y cuál fue el comportamiento del Presidente? ¿Si no hay nada que ocultar o nada de que avergonzarse, por qué no dan a conocer ya la llamada completa?

Presidente Donald Trump

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Llego el día. Donald Trump será presidente de los Estados Unidos de América a partir de este viernes 20 de enero y con ello se abre para el mundo, formalmente, una época de dimensiones insospechadas. Un giro dramático en la historia de ese país y, por muchas razones, del mundo entero.

Los ejes que definen la personalidad del excéntrico millonario -que se metió en política y arrebató al establishment de Washington la Casa Blanca- anuncian los peores augurios. Expertos y no expertos le han calificado de narcisista, ególatra, déspota, prospecto de dictador y hasta “perfecto fascista”, como le llamó Enrique Krauze en una entrevista para CNN.

¿Cómo se desplegará la presidencia de Donald Trump a partir de este viernes? Un hombre al que le corre prisa para poner su huella y borrar la de Obama. Prisa para echar a andar el estúpido muro que piensa construir con la intención de que lo paguemos los mexicanos.

Prisa para renegociar el complejo entramado que se tejió con el Tratado de Libre Comercio. Prisa para echar a aquellos que le parezcan distintos y amenazantes. Prisa para expulsar a todo aquel que huela a musulmán o mexicano indocumentado. Prisa para demostrar que no se tienta el corazón con tal de cumplir una visión obtusa y xenofóbica.

 

¿Cuáles serán los mecanismos legales, políticos o de cualquier índole que se desplegarán en una presidencia como la de Donald Trump?

Lo que hasta ahora es una relación ríspida con una parte de la prensa norteamericana, a la que -a la menor provocación- le llama deshonesta y tramposa, todavía se puede poner peor. Por lo pronto anunció ya que no todos los periodistas y medios podrán entrar a la sala de prensa y no precisamente por razones de espacio.

Para México se avecinan tiempos de incertidumbre y de grandes tensiones económicas, comerciales, políticas, diplomáticas y sociales. Un abanico muy amplio de desafíos para los cuales no parece que estemos trabajando o, no por lo menos, a la velocidad y altura de lo que el magnate norteamericano representa.

Los dos más grandes asuntos en los que Trump ha decidido enfocar sus baterías son el tema comercial y el migratorio, el cual pretende “resolver” con la construcción de un gran muro que -si nos atenemos a su discurso e insistencia- lo llevaría a poner el primer ladrillo apenas salga de la ceremonia de investidura. Del mismo modo, anuncia que la renegociación del TLC empezará el día 1.

Se anuncian ya reuniones de “alto nivel” en Washington a las que acudirían los secretarios de Economía y el recientemente nombrado de Relaciones Exteriores.

De no recomponerse el Tratado en sentido positivo para Estados Unidos -o lo que interprete Trump como una victoria suya- el nuevo presidente está dispuesto, y así lo ha dicho, a sacar a Estados Unidos de ese acuerdo trilateral que se firmó hace más de veinte años junto con Canadá.

La interdependencia que se ha desarrollado entre México y Estados Unidos y la dependencia de México con el norte subrayada con ese acuerdo comercial, obligan a México a definir -a la velocidad del rayo- una estrategia que se plantee los peores escenarios.

El retiro o redireccionamiento de inversiones multimillonarias de Estados Unidos en México, especialmente en el sector automotriz, ante las amenazas de Trump es suficiente señal de que el personaje va en serio y que piensa cumplir lo que ha dicho.

A estas alturas seguir diciendo que una cosa es Trump candidato y otra presidente y que no hará en realidad lo que dijo en campaña es pecar de algo más que ingenuidad. Trump hará lo que dijo que haría, por lo menos en los ámbitos donde tenga acción ejecutiva como, por ejemplo, en el tema del muro y en la revisión del TLC. Ni más ni menos.

Coincidencia o no, a unas horas de la llegada del nuevo mandatario, el Poder Judicial mexicano negó amparo a Joaquín “El Chapo” Guzmán, con lo que se activó de inmediato su extradición a Estados Unidos dándose por inaugurada la nueva era de la relación bilateral. Si lo calcularon o no, quién sabe, pero el hecho se puede interpretar como una cortesía de México al nuevo gobierno que le ha escupido en la cara. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca del ya presidente Donald Trump.