Detectan presuntos desvíos de Yunes por 338 mdp

De acuerdo con el Órgano de Fiscalización Superior el daño patrimonial registra cuatro dependencias durante el primer año de su administración

CIUDAD DE MÉXICO.- Durante el primer año de Gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, el Órgano de Fiscalización Superior (Orfis) de Veracruz detectó presuntos desvíos de recursos por más de 338 millones de pesos.

De acuerdo con el informe de la Cuenta Pública 2017, el daño patrimonial se reporta en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), Protección Civil, Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca (Sedarpa), y Espacios Educativos.

“Estamos hablando de millones de pesos sin las faltas graves, y una vez que se dictamine y se vota por el pleno del Congreso, iniciaremos las fases de investigación por el presunto daño”, señaló el auditor general del Orfis, Lorenzo Antonio Portilla Vásquez. Las investigaciones para deslindar responsabilidad iniciarán pronto, adelantó Portilla.

Javier Duarte de Ochoa, el antecesor de Yunes, fue condenado a nueve años de cárcel por los delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa.

Durante la campaña electoral, Cuitláhuac García Jiménez, ahora Gobernador electo de Veracruz, señaló a Yunes por el presunto desvío de recursos públicos para la campaña de su hijo Miguel Yunes Márquez.

En ese momento, García Jiménez y el presidente estatal del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) interpusieron dos denuncias ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) en la delegación de la Procuraduría General de la República (PGR) en Xalapa.

La administración de Yunes Linares repartió con fines electorales, despensas y monederos electrónicos de la tienda departamental Chedraui con hasta mil pesos de saldo, de acuerdo con la acusación.

De política y cosas peores

CIUDAD DE MÉXICO.- Sir Mortimer Highrump, audaz explorador, fue a África a buscar al famoso misionero David Dyingstone, desaparecido misteriosamente desde hacía ya 5 años. En su búsqueda llegó a una aldea de caníbales y les preguntó si lo habían visto. “Sí -respondió el jefe de la tribu-. Lo hallamos en una choza perdida en lo más profundo de la selva, donde la mano del hombre jamás ha puesto el pie”. “¡Asombroso! -exclamó Highrump-. ¡Yo llevo varios meses buscándolo infructuosamente! ¿Cómo lo encontraron?”. Respondió el antropófago: “Muy duro”. Don Laureano, norteño adinerado, se hallaba en París. Su viaje era de placer: había dejado en Perros Bravos a su esposa Dominga. Fue con el concierge del hotel y le dijo en voz baja: “Quiero preguntarte algo”. “Ya sé -sonrió con aire de complicidad el tipo-. Monsieur desea saber dónde puede encontrar una muchacha”. “No, no” -se azoró don Laureano. “¡Ah, vaya! -le guiñó un ojo el sujeto-. Entonces Monsieur desea saber dónde puede encontrar un muchacho”. “¡Tampoco!” -enrojeció el vejancón. “Entonces -inquirió el concierge, desconcertado- ¿qué desea Monsieur?”. Le preguntó don Laureano ansiosamente: “¿No sabes de algún restorán que venda cabrito?”. Expresivo y sonoro vocablo es el verbo “joder”. Siete acepciones de la voz recoge la Academia, y todas las registra como malsonantes. En su principal connotación el término “joder” significa practicar el coito, o sea follar, coger. De muy antiguo linaje es la palabra. Corominas menciona una “inscripción cristiana” del siglo XIV que vio en Granada con esta maldición: “¡Fodido sea!”. A mí, la verdad, tal inscripción no me parece tan cristiana. Equivale en cierto modo a la interjección inglesa “Fuck you!”, tan de uso en las películas americanas de hoy, en las cuales de cada 100 palabras 2 no son “Fuck you”. El voquible “joder” proviene del latín “futuere”, que designa a aquella acción a la que antes aludí: coger, follar. Según la etimología, pues, cuando Peña Nieto dijo: “Ningún Presidente se levanta ni se ha levantado pensando cómo joder a México”, lo que en puridad estaba diciendo es que ningún Presidente ha pensado cómo cogerse a México. Y sin embargo bien que se lo han cogido-también yo pido disculpas por la malsonancia -, sobre todo en estos tres últimos sexenios, sin restarles méritos a otros de nuestro tiempo, especialmente los de Salinas, Echeverría y José López Portillo. Lo cierto es que el uso de esa palabra por Peña Nieto causó gran impresión. No son pocos los que opinan que palabras así, de las llamadas “malas”, no se oyen bien en labios del Presidente. Yo pienso que ninguna palabra es mala en sí: la pravedad está en el ánimo de quien la dice. Peña Nieto no empleó ese vocablo con intención torcida, sino para enfatizar su dicho y darle efectividad mayor. Hay una linda teoría acerca de las “maldiciones” que usamos los mexicanos. Según tal tesis los franciscanos las habrían enseñado a los indígenas con el propósito de que no usaran las blasfemias que los soldados españoles empleaban en su habla cotidiana. Efectivamente, es muy notable el hecho de que en España se blasfema, y en México no. Allá traen al mal traer a Dios, a la Virgen, a la hostia, etcétera, en tanto que acá no nos metemos, cuando maldecimos, con las personas o cosas de la religión. El uso del término “joder” por el Presidente no ha de ser motivo de escándalo. Los hechos deben indignarnos, las palabras no. Una esposa le contó a su marido: “Vino a buscarte tu socio Pitorraudo”. “No te fíes de él -le dijo el esposo, inquieto-. Tiene una labia tal que las mujeres acaban por rogarle que les haga el amor”. Declaró con orgullo la señora: “Yo no tuve qué rogarle”. FIN.

 

MIRADOR

Llegaron sin anunciarse y me dijeron:

-¿No te acuerdas de nosotras?

La verdad, no las recordaba.

Me preguntaron, desafiantes:

-A ver: ¿quiénes somos?

-Perdonen -respondí-. A mis años se pierde la memoria. Les ruego que me digan quiénes son.

Respondieron muy orgullosas:

-Somos las viejas rencillas.

Quedé asombrado. Les dije:

-Pues se ven muy jóvenes.

Explicaron:

-Nos sometimos a una operación rejuvenecedora.

Las felicité cumplidamente. Y a ustedes les digo: si ven unas rencillas que parecen nuevas no se dejen engañar: son las viejas rencillas de siempre.

¡Hasta mañana!

 

MANGANITAS

“Una mujer dejó a su esposo y huyó con un desconocido”.

El marido piensa y piensa

cómo hallar a ese sujeto.

“Quiero -dice el indiscreto-

darle alguna recompensa”.

Armando Fuentes

De política y cosas peores

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Doña Macalota llegó a su domicilio cuando no la esperaba su esposo don Chinguetas, y lo sorprendió en conchupancia de carnalidad con Tirilita, la linda y joven mucama de la casa. Presa de iracundia la señora le gritó a su cónyuge en un solo golpe de voz, sin siquiera tomar respiración: “¡Bribóncanallapícarotunantevillanoinfametorpedescaradoruin!”. “Mujer, mujer -replicó en tono de reproche don Chinguetas-. Ya te he dicho que no tratemos nuestros problemas en presencia de la servidumbre”. Susiflor se iba a casar, y su mamá le aconsejó que tomara algunas clases de cocina. Le recordó la conocida máxima: “El camino al corazón de un hombre pasa por su estómago”. Contestó Susiflor: “No necesito esas clases, mami. Yo encontré un caminito mejor que pasa un poco más abajo”. Se hizo una encuesta entre 10 mil hombres de diversos países del mundo. Se les preguntó qué clase de mujeres preferían, si las de muslos delgados o las de muslos gruesos. Sin excepción los 10 mil respondieron que preferían lo intermedio. Apurado y en apuros debe andar Norberto Rivera Carrera, y con él algunos de sus obispos, después de los pronunciamientos hechos por Monseñor Franco Coppola, nuevo Nuncio Apostólico del Vaticano en México. El enviado del Papa declaró que los homosexuales deben tener los mismos derechos de que gozan las demás personas, incluyendo el derecho al matrimonio, en los términos de lo que prescribe la Convención Universal de los Derechos Humanos. Dijo: “No hay por qué negarles derechos que son reconocidos a todos los hombres y mujeres de este mundo”. Las palabras del Nuncio se corresponden con las que ha dicho el Papa Francisco, y están acordes también con el espíritu del Evangelio, que es espíritu de caridad, vale decir de amor. Entiendo la postura de muchos cristianos y católicos que aún en este tiempo siguen viendo con hostilidad a las personas homosexuales, a más de considerar aberrantes sus relaciones y negarse por eso a admitir el uso del vocablo “matrimonio” para designar su unión. Eso oyeron decir en sus iglesias. Ahora la postura del Papa hacia los homosexuales, manifestada por su representante en México, es muy diferente. No es de mera tolerancia, actitud condescendiente del que se cree superior en relación con aquél a quien juzga inferior; es de pleno respeto a los que por encima de cualquier diferencia poseen la original dignidad de hijos de Dios, común filiación que crea entre los hombres un esencial vínculo de fraternidad. Ojalá los cristianos y católicos -y todas las personas de buena voluntad- escuchemos las aleccionadoras palabras del Nuncio, fincadas en la justicia y la razón, y hagamos de ellas una enseñanza que nos guíe en el trato con nuestros hermanos homosexuales. El novio de Dulcilí le preguntó a la ingenua chica: “¿Crees en el más allá?”. Preguntó ella, suspicaz: “En el más allá ¿de dónde?”. Facilda Lasestas les confió a sus amigas: “Tengo con mi esposo un grave problema de incompatibilidad de caracteres. A él le gusta la alta fidelidad, y yo prefiero la alta frecuencia”. Babalucas pidió en el restorán un vaso de agua. Le preguntó el mesero: “¿Natural?”. “Sí -contestó el badulaque-. La sobrenatural me asustaría”. Don Languidio Pitocáido y su esposa Frondosia cumplieron 35 años de casados, y su hijo mayor les regaló un viaje a una palaya de moda para que fueran a pasar una segunda luna de miel. A su regreso el muchacho le preguntó a su padre, en tono pícaro, cómo le había ido en la nueva noche de bodas. “Fue muy diferente de la otra -respondió con un suspiro don Languidio-. En la primera tu mamá no hallaba cómo contenerme. Ahora no hallaba cómo consolarme”. FIN.

MIRADOR

Los nogales de nuestro huerto dieron ya su fruto.

Este año la cosecha fue abundante; más, mucho más que el anterior. Me dice don Abundio:

-Seguramente Diosito se enteró de que estábamos en apuros.

El sabio viejo -hablo de don Abundio- les ordenó a los vareadores que dejaran en el suelo nueces para las ardillas y los pájaros azules. Me explica:

-También ellos están en apuros.

Ayer por la mañana fui a caminar bajo estos árboles. A veces los miro como a hijos: yo los planté. Luego los veo como a padres, por las enseñanzas que me dan. Algunos de ellos muestran ya en su follaje verdinegro algunas hojas amarillas. Y es que terminada su labor se disponen a dormir el sueño del invierno. He aquí otra lección de esos maestros silenciosos: al trabajo bien cumplido ha de seguir el reposo bien ganado.

Yo me pregunto si he trabajado bien, y no sé qué contestar, tan imperfecta ha sido mi obra. Quiero aprender de los nogales: en los días que el sabio viejo -hablo de Dios- quiera dejarme de vida procuraré dar fruto bueno para ganar el tranquilo descanso que merece el buen trabajador.

¡Hasta mañana!

MANGANITAS

“La señora le dijo a su esposo: ‘Gasto en maquillaje para verme bonita'”.

Admitió el marido: “Sí;

buena explicación es ésa.

Yo gasto en vino y cerveza

también para verte así”.

Armando Fuentes

De política y cosas peores

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Plaza de Almas. Esta Plaza de Almas se llama hoy “Mi Plaza de Almas”. Sucede que no la escribí yo; la escribió alguien que escribe mucho mejor que yo. Ella es María Cecilia Garza, lectora mía de Monterrey. Me envió este bellísimo mensaje: “Don Armando: Haciendo limpieza en mi escritorio me encontré un ‘Mirador’ escrito por usted. No me sorprendió encontrarlo: cuando un texto me gusta lo recorto y lo guardo. Helo aquí: ‘Si no creemos en la Resurrección estamos perdidos, condenados a la nada. Lo que nos hace ser hombres es eso que en unos se presenta con claridad de fe y en otros como vaga intuición: la idea de que no todo acaba con la muerte. Más aún: la convicción de que no hay muerte. Ignoramos qué vida hay después de ésta, pero con todas las fuerzas que da el ser rechazamos la noción de la nada, de la muerte total. Hoy que es día de la Resurrección celebremos la esperanza de nuestra propia, eterna resurrección’. Don Armando: mi madre -mi mami- acaba de fallecer. Al día siguiente de su muerte mi hermana encontró en su mesita de noche un escrito hecho por ella. Estoy segura de que lo dejó ahí con la finalidad de que lo viéramos después de su partida. Sus palabras nos llenaron de paz. Cumplía años el 4 de octubre -80 habría cumplido-, y mi padre quiso casarse con ella un 4 de octubre. Llegaron a cumplir 60 años de matrimonio. Su amor fue único, de absoluta devoción. La peor pesadilla para mi papi era estar sin su Marilu. Para nosotros mi madre no iba a morir jamás. Era un roble; columna vertebral para mí, para mis seis hermanos, para los 20 nietos y siete bisnietos que la amaron. Pero se fue. Se fueron los dos. Y de la manera más bella que pude haber imaginado. Déjeme contarle. Mi padre empezó a tener problemas con su mente. La pérdida de la memoria fue gradual, pero Marilu seguía siendo el aire que respiraba. Cuando se fue mi madre, el mal de mi papá estaba ya muy avanzado, y sus hijas nos hacíamos pasar por ella al darle la mano, al acariciarle la cabeza. Nunca supo que su amada había muerto; no se dio cuenta de que fue viudo cuatro meses. A mi mami le diagnosticaron una enfermedad terminal en abril, y en mayo murió. Cuando supo lo que le sucedía lloró. Amaba la vida; no quería dejar a mi papi, ni dejarnos a nosotros. Pero de inmediato se secó las lágrimas y dijo: “Muy bien: si me queda poco tiempo debo aprovecharlo. Procuraré ser feliz los días que me resten de vida, y trataré de darles a ustedes la mayor felicidad que pueda’. Murió en paz. Poco después, el 4 de octubre -justamente el 4 de octubre- se fue mi papi. En el momento de su muerte una de mis hermanas dijo: ‘¡Feliz aniversario, papi y mami!’. Nos abrazamos; reímos y lloramos todos juntos. Y decidimos ser, cada uno, la continuación de esa historia de amor. Permítame ahora transcribirle el texto que escribió mi mami: ‘Te suplico, Señor, que me concedas tener lucidez cuando vaya a dejar esta vida terrena. Si me diste alegría para vivir no me la quites en mi hora postrera. Deja que esté consciente para poder gozar ese dulce momento del encuentro. Morir no es una cita con la nada; no es mera destrucción, ni es solo ausencia. Es la hora en que vendrás por mí y me darás la mano para cruzar la puerta. ¡Cómo quisiera trasmitirles a los que amo la alegría que siento al llegar a tu presencia! Haz, Señor, que sepan que muero feliz, porque sé que esto no es el final, sino el comienzo de una nueva vida, más luminosa y más plena’. Lo que pidió mi mami se le ha concedido: también nosotros, como ella y como usted, creemos en la vida eterna. Gracias por recibir mi mensaje, don Armando. Usted no lo sabe, pero es mi querido amigo. Cecilia”. Ninguna palabra puedo añadir a las de mi lectora; sólo ésta que no quisiera poner: FIN.

MIRADOR

No estoy para nadie.

Si me busca el Papa díganle que salí.

Si Obama me busca díganle que no me encuentro.

Si la Madre Teresa se aparece díganle que desaparecí.

Más aún: si Kim Kardashian pregunta por mí díganle que ando de viaje y que no saben cuándo regresaré.

Sucede que hoy tengo una cita con mi infancia.

Una cita con la memoria de mi padre.

Una cita con los amigos de ayer, reunidos en mi casa en torno de aquel viejo radio de bulbos en que se oía más estética -así decía uno por decir “estática”- que voces.

Tengo una cita con la tradición; con los recuerdos.

No estoy para nadie.

Voy a ver hoy en la noche el primer juego de la Serie Mundial de Beisbol.

¡Hasta mañana!

MANGANITAS

“Murió una madura señorita soltera”.

Sin dichas ni sinsabores

conoció horas beisboleras.

Su vida: cero carreras,

cero hits y cero errores.

Armando Fuentes