La irresponsabilidad criminal del ejercicio periodístico

CARLOS CALZADO

Escuche mientras lee: “Ordinary World” de la banda británica “Durán Durán”. El arte de mantenerse distinto, en un mundo ordinario.

Tristemente, una parte de la humanidad tiene una inquietante proclividad a la estupidez, a la cómoda ignorancia y, desde luego a la impunidad.

Una de las exigencias para “cuadrar” en un mundo tan ordinario que apesta, es ser especialmente estúpido, patética e inútilmente irreverente, vulgarmente malhablado, con careta violenta, pero sobre todo, supersticioso e ignorante.

Evidentemente que esta proclividad no se debe a un tema de “naturaleza humana” o “evolución” –menos aún esta última, toda vez que, en todo caso, esta tendencia es involutiva y afecta frontalmente a una característica sine qua non del ser humano, la libertad-.

Se trata entonces de la forma más eficiente de someter a la masa, de enajenar y volverle codependiente, de someterle.

El ejercicio de la enajenación perniciosa data de por lo menos un siglo atrás y se ha echado mano de todo proceso que coadyuve como la masificación del consumo de drogas, de alcohol, de la literatura fantástica; del fomento al miedo, a la violencia, a la individualización; de la vulgarización de la cultura “Pop” (popular) y la transformación de cualquier expresión cultural hacia esos principios rectores.

Se trata entonces de las características de un absolutismo aplicado a un modo de producción que garantiza el sometimiento y la impunidad.

Desde luego que en la historia de la humanidad, durante todas las expresiones organizacionales o modos de producción, la última de fase de éstos tienden al híper-control, pero siempre existen los ejercicios que rescatan la dignidad humana y coadyuvan al registro real de la historia; en nuestro tiempo, los desmitificadores de esas historias fantásticas que el poder insiste en convertir en la historia real, una de ellas es el periodismo.

Desde luego, siempre han existido los medios y los periodistas que se arrodillan ante el poderoso y escribe lo que se le exige. De hecho, cumplir con las características que se requieren para el sometimiento, ha fomentado que hoy, cualquier “hijo de vecina”, entre más ignorante, supersticioso y vulgar, mejor candidato para ocupar una plaza trascendente en los medios de comunicación, se trata de hecho, a quienes hoy se les denomina “líderes de opinión” e incluso “influencers”.

Quintana Roo es una plaza que tradicionalmente atrae a todo tipo de simuladores en muchísimos temas, especialmente en el ejercicio periodístico. Muchos son los ejemplos de quienes, aún con una ortografía espantosa y un total desconocimiento académico de la Comunicación Social, se dicen e invisten de “periodistas”.

El tema es que, bajo el argumento de “la libertad de expresión”, son irresponsables al grado de espetar sandeces al micrófono de la estación de radio, a pesar de que el sólo hecho representa la comisión de un delito y esto, es aún más difícil de entender para estos sujetos.

La aplicación irrestricta de la ley es también un sine qua non del ejercicio periodístico, el registro de todo lo publicado, será el caldo de cultivo de hacer efectivo el estado de derecho. Al tiempo.

Ciao.

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